Marco Teórico

 

                

 

Con respecto a los factores internos

Con respecto a los factores externos

Problemas que presenta la violencia para la escuela y para la sociedad.

Medios con los que cuenta la escuela para solucionarlos

Entre compañeros

El entorno de los chicos agresivos

¿Qué opinan los demás sobre este tema?

Artículo publicado por “Clarín

Violencia en el Polimodal

Violencia en las escuelas argentinas

Reflejo de la inseguridad

 

 

Factores externos (urbanos), internos (familiares y personales) que alientan a la violencia.

Con respecto a los factores internos (familia):

Una gran parte de la violencia que existe en nuestra sociedad tiene su origen en la violencia familiar. La intervención a través de la familia es especialmente importante porque a través de ella se adquieren los primeros esquemas y modelos en torno a los cuales se estructuran las relaciones sociales y se desarrollan las expectativas básicas sobre lo que se puede esperar de uno mismo y de los demás, esquemas que tienen una gran influencia en el resto de las relaciones que se establecen.

     La mayoría de los niños y adolescentes han encontrado en el contexto familiar que les rodea condiciones que les han permitido desarrollar una visión positiva de sí mismos y de los demás, necesaria para: aproximarse al mundo con confianza, afrontar las dificultades de forma positiva y con eficacia, obtener la ayuda de los demás o proporcionársela; condiciones que les protegen de la violencia. En determinadas situaciones, sin embargo, especialmente cuando los niños están expuestos a la violencia, pueden aprender a ver el mundo como si solo existieran dos papeles: agresor y agredido, percepción que puede llevarles a legitimar la violencia al considerarla como la única alternativa a la victimización. Esta forma de percibir la realidad suele deteriorar la mayor parte de las relaciones que se establecen, reproduciendo en ellas la violencia sufrida en la infancia.

 

Con respecto a los factores externos (sociedad):

 

Conviene tener en cuenta, por otra parte, que determinadas actitudes y creencias existentes en nuestra sociedad hacia la violencia y hacia los diversos papeles y relaciones sociales en cuyo contexto se produce (hombre, mujer, hijo, autoridad, o personas que se perciben como diferentes o en situación de debilidad,...) ejercen una decisiva influencia en los comportamientos violentos. De lo cual se deriva la necesidad de estimular cambios que favorezcan la superación de dichas actitudes; entre los que cabe destacar, por ejemplo:

*   La crítica de la violencia en todas sus manifestaciones y el desarrollo de condiciones que permitan expresarse y resolver conflictos sin recurrir a ella. Extendiendo dicha crítica al castigo físico, como una de las principales causas que origina la violencia.

*   La conceptualización de la violencia como un problema que nos afecta a todos, y contra el cual todos podemos y debemos luchar.

*   La comprensión del proceso por el cual la violencia genera más violencia así como de la complejidad de las causas que la originan; y la superación del error que supone atribuir la violencia a una única causa (la biología, la televisión...); causa que suele utilizarse como chivo expiatorio, excluyendo a quién realiza dicha atribución de la responsabilidad y posible solución al problema.

*   El desarrollo de la tolerancia como un requisito imprescindible del respeto a los derechos humanos, y la sensibilización de la necesidad de proteger especialmente, en este sentido, a las personas que se perciben diferentes o en situación de debilidad,

*   situación en la que todos podemos encontrarnos.

*   La superación de los estereotipos sexistas, y especialmente de la asociación de la violencia con valores masculinos y la sumisión e indefensión con valores femeninos.

 

Problemas que presenta la violencia para la escuela y para la sociedad.

 

Las distintas formas de violencia, intimidación y victimización que se producen en la escuela tienen consecuencias sobre todas las personas que en ella conviven. Así:

*  En la víctima produce miedo y rechazo del contexto donde sufre la violencia, pérdida de confianza en uno mismo y en los demás. Y otros problemas derivados de la situación a la que se ve sometido repetidamente: bajo rendimiento, baja autoestima, aislamiento, etc.

*  En el agresor acentúan los problemas que le llevaron a su abuso. Disminuye su capacidad de comprensión moral y de empatía. Refuerza su estilo violento que obstaculiza entablar relaciones positivas con el entorno.

*  En las personas que no participan directamente de la violencia pero que conviven con ella sin hacer nada para evitarla puede producir parecidos efectos a los de la víctima aunque en grado menor.

*  En el contexto institucional, la violencia reduce la calidad de vida de las personas, dificulta el logro de objetivos y aumentan los problemas y tensiones que la generaron, activando un proceso en espiral escalonada de consecuencias imprevisibles.

 

Medios con los que cuenta la escuela para solucionarlos

 

La escuela, cuenta principalmente con el apoyo de los profesores para solucionar estos tipos de problemas. Los profesores deberán ser muy cuidadosos en lo que respecta a estos problemas, pues pueden ser los primeros en detectar casos de agresión o recibir las quejas de un niño agredido. Por ello, deben comprender que la escuela es un lugar que obliga a la convivencia de diferentes personalidades, y que los conflictos siempre estarán latentes. Aunque seguramente la experiencia de los profesores será amplia, podemos recomendarles:

*   No castigar, etiquetar, rechazar ni apartar a lo niños conflictivos, ya que estas actitudes, lejos de mejorar el comportamiento, alteran la situación. Es una forma de violencia psicológica.

*   Es recomendable conversar con el niño que ocasiona problemas y hacerse su amigo, para que encuentre mejor comunicación y confianza.

Siempre que detecte cambios de conducta en los alumnos, deberá notificar a los padres, procurando que esta situación sea en privado y no durante las juntas, frente a otros jefes de familia.

Aunque no está en manos de los maestros modificar actitudes que se originan fuera de la escuela, ni podrán convertir al colegio en un "territorio neutral", sí está dentro de sus posibilidades lograr acuerdos de todas las partes implicadas y mejorar los mecanismos reales de participación que fomenten la responsabilidad compartida.

 

Entre compañeros

 

Intimidar a un compañero no es un hecho nuevo en la historia de la escuela y forma parte de los procedimientos que se practican en los grupos de pares; pero todavía cuenta con la ilusión de aquellos adultos que no logran asumir que niños y niñas tienen su propia producción cultural la cual también ocupa los espacios de las violencias —con sus propias singularidades— constituyéndose en fenómeno político problemático. Cuando, después de un episodio de violencia contra un alumno los compañeros descubren el secreto, suele ser tarde. En este modelo de intimidación-silenciamiento, se evidencian las relaciones de fuerza que se oponen y que operan ejercitándose en diversas formas de poder sin solicitar la autorización de la institución escolar.

 

 

El entorno de los chicos agresivos

 

Visto que quienes acosan e intimidan se caracterizan por un modelo de reacción agresiva es importante examinar el entorno educativo y de las condiciones de la infancia que conducen al desarrollo de un modelo de reacción agresiva.

Se han encontrado cuatro factores importantes:

 

·              En 1º lugar, la actividad emotiva básica de los padres hacia el niño, en especial de la persona que mas cuida de el (normalmente la madre), es muy importante la actitud emotiva básicamente en los primeros años.

·              El 2º factor importante es el grado de permisidad del primer cuidador del niño ante conductas agresivas de éste.  Si el cuidador suele ser permisivo y “tolerante” y no fija claramente los límites de aquello que se considera comportamiento  agresivo con los compañeros, hermanos y adultos, es probable que el grado de agresividad del niño aumente.

Se puede resumir estos resultados diciendo que la escasez de amor y de cuidado y el exceso de “libertad” son condiciones que atribuyen poderosamente al desarrollo de un modelo de reacción agresiva

·   Un 3º factor que aumenta el grado de agresividad del niño es el empleo por parte de los padres  de métodos de “afirmación de la autoridad”, como el castigo físico y los exabruptos emocionales violentos. Esta conclusión corrobora la idea de que “la violencia engendra violencia”. Es importante poner los límites al niño pero sin recurrir al maltrato físico y nada que se le parezca.

·  Finalmente, el temperamento del niño también desempeña su función en el desarrollo de un modelo agresivo. Un niño de temperamento activo y “exaltado” es más propenso a volverse un joven agresivo  que un niño de temperamento más normal  o más tranquilo. El efecto de este factor es menor al de los dos mencionados anteriormente.

Se esta hablando de tendencias, las mas importantes. En casos individuales, otros factores podrían haber sido cruciales y el modelo causal quizá sea un tanto diferente. A pesar de ello, estos resultados, en combinación con otra investigación sobre las condiciones de la infancia, nos permiten la siguiente importante conclusión: el cariño y la dedicación de la persona o personas que crían al niño, unos límites bien definidos sobre las conductas que se permiten y las que no, y el uso de métodos educativos correctivos no físicos crean niños independientes y armoniosos.

Esta conclusión se la puede aplicar tanto en chicos como en chicas

 

¿Qué opinan los demás sobre este tema?

 

Fernando Savater decía: a La Nación: "Si la sociedad es violenta, la escuela también lo será, porque no es una burbuja aislada. De alguna manera, está traspasada de todo lo que ocurre en ella. Esa violencia debe combatirse por medio de la sociedad; no puede quedar en manos del maestro que sólo puede colaborar en su medida. Un medio de acabar con la violencia no es terminar con los violentos, sino con las injusticias."

En la escuela se producen a diario actos violentos, y no debería sorprender siendo estas, escuela y violencia, integrantes de la sociedad. Los niños son testigos constantes en la calle, el hogar y las pantallas de que la violencia es el paso mas corto para resolver los conflictos. ¿Cuáles serían las razones para no recurrir a este método aprendido por constancia de estímulo en múltiples escenarios?

 

 

Artículo publicado por “Clarín”:

 

 

Hay que incorporar detectores de problemas, no de armas


Julio Werthein. Representante de la UNESCO en Brasil



La escuela enfrenta hoy el problema del aumento de la violencia. Casos graves que se han observado en países latinoamericanos nos muestran que aún hay mucho que hacer para que se pueda construir una cultura de paz en el ambiente escolar y en la sociedad.

Entre otros casos, en agosto de este año, la estudiante Daniele Silva Leite, de 18 años, fue asesinada a tiros por cuatro hombres encapuchados que entraron en el patio de su escuela, en San Pablo. En septiembre, en la ciudad de Carmen de Patagones, en Argentina, un adolescente de 15 años mató a tiros a tres compañeros. En Chile, en octubre, un joven de 17 años murió por tiros de escopeta disparados por un compañero del liceo Nueva Zelanda.

¿Por qué nuestras escuelas ya no son más un lugar de protección?

¿Cómo combatir la violencia y aumentar la seguridad en el ambiente escolar? Una de las medidas que se han sugerido sería colocar guardias en las escuelas. Sin embargo, investigaciones realizadas en varios países demuestran que eso provoca que los profesores se sientan eximidos de la responsabilidad por la supervisión e interacción con los alumnos fuera del aula, lo cual contribuye a que los actos violentos no se resuelvan y se multipliquen. Ello también contribuye a que los alumnos se sientan desamparados y busquen sus propios medios de resolver los conflictos, recurriendo a agresiones físicas y, a veces, a armas.

No se logra tampoco nada con medidas más estrictas como la instalación de detectores de metales en las escuelas para impedir la entrada de armas; ni con propuestas aún más radicales como la rebaja de la imputabilidad penal de los jóvenes. Las medidas de este tipo no reducen la violencia en las escuelas ni evitan las tragedias; por el contrario, refuerzan la sensación de abandono de los alumnos.

Lo que sí necesitamos es instalar detectores de problemas en las escuelas, investigar profundamente el origen de los conflictos y de los incidentes criminales. Para ello, uno de los caminos es la creación de un Observatorio de Violencias en las Escuelas que se dedique al estudio y a la propuesta de políticas para enfrentar la violencia escolar en cada país. En 2002, Brasil dio el primer paso al crear en Brasilia el Observatorio de Viol¬ncias nas Escolas-Brasil, el primero de Latinoamérica.

Después de la tragedia de Carmen de Patagones, el Gobierno argentino, por intermedio de su Ministerio de la Educación, estableció una asociación con la UNESCO en Brasil y la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) para la implantación del Observatorio de Violencias en las Escuelas de Argentina.

Sin duda, las investigaciones sobre la violencia en las escuelas son un instrumento importante para el diagnóstico de la situación, pues permiten conocer el clima escolar, el modo en que se establecen las relaciones y el registro de las violencias simbólicas y físicas que suceden en ellos.

Es necesario también aunar esfuerzos para crear un espacio de diálogo que mejore la autoestima tanto de los alumnos como de los profesores. Es en la escuela donde empieza la construcción de un mundo más pacífico y justo.

Violencia en la EGB


Si analizamos el fenómeno de la violencia en la escuela primaria, buscando relación con distintas variables podemos encontrar a partir de la comparación entre muchos casos que hay un punto fundamental que los une: la violencia está estrechamente ligada con la crisis socio – económica.
La familia al carecer de los medios económicos debe generar estrategias de supervivencia para sobrevivir; entendiendo por éstas a las distintas alternativas que el ingenio popular desarrolla para sobrevivir, para dar respuesta a sus necesidades básicas. Niños que alternan el mundo del trabajo con el mundo escolar, con pautas totalmente opuestas, en su labor de subsistencia aprende por fuerza conductas violentas que luego repite en la escuela.
Los comportamientos esperados de él en su familia son los esperados en la escuela. Es así como entra en conflicto.
Otra diferencia está dada por la recompensa que obtiene en uno y otro ámbito; fuera de la escuela su recompensa es material, mientras que en ésta es moral, abstracta. Es éste otro punto de conflicto, el niño está acostumbrado a " ver" su recompensa frente a las conductas.
En síntesis, el chico que participa de las estrategias de supervivencia familiares, lo hace la mayor parte del día; el resto del tiempo concurre a la escuela, aunque no siempre con regularidad.
Evolutivamente es distinto de los otros niños, su realidad lo ha hecho madurar distinto, sus preocupaciones y su historia son distintas.

 

Violencia en el Polimodal


En este nivel del sistema educativo también se ha visto el surgimiento de muchísimos hechos de violencia: violencia de alumnos a profesores, de profesores a alumnos, de alumnos entre sí.
Aquí se hace presente el "conflicto generacional".
La creación de este conflicto y su posterior resolución es la tarea normativa de la adolescencia. Sin este conflicto no habría reestructuración psíquica.
Los actos de independencia o de rebeldía, desde la desobediencia civil hasta la libertad sexual son frecuentes.

El resultado de rupturas violentas de las dependencias.

Producto de privaciones, tratando así que, a través de estos actos, el mundo reconozca sus deudas y le restablezca el marco que perdió en algún momento de su vida.

 

Cuando no es así, el grupo que el adolescente encuentra para identificarse o en el conjunto de individuos aislados que constituyen un grupo, aparecen estos elementos de la lucha adolescente: violencia, estallidos, robos, etc. Si nada ocurre, los miembros se sienten inseguros respecto de lo real de su protesta. Si en cambio el acto es visible, si cobra notoriedad, los hace" sentir reales", hará que se cohesionen. Estos actos pertenecen a todo el grupo, el grupo está cambiando y los individuos están cambiando a sus grupos, esto les permite " sentirse reales".
Se trata de cómo ser adolescente durante la adolescencia algo que requiere una enorme valentía... Esto no significa que se deba decir “miremos a estos adolescentes dedicados a vivir su adolescencia, debemos tolerar cualquier cosa y dejar que rompan las ventanas”. Frente a esta realidad hay que repensar las prácticas, los contenidos, ver quienes son los destinatarios de esos contenidos, actualizarlos, y tratar de adecuar estos contenidos a la realidad.
La violencia que se puede generar es una emergente de la desarticulación que tiene la escuela con la realidad, es decir, no se tiene en cuenta que es lo que necesitan los chicos, esto es generar de alguna forma violencia.
El docente del adolescente debe manejar sus propios códigos, para ser reconocido. Tarea muy difícil ésta, dado que los mismos profesores ven en jaque su rol; esto se debe a que con la falta de presupuesto educativo es como si todo lo referente a la educación pierde el status y el valor que la educación merece.
El modelo de institución que se presenta, a veces, no tiene nada que ver con lo que ellos necesitan; el adolescente es trasgresor, entonces hay que permitirle que haga cosas, darles sus propios espacios. Necesita construir un espacio con pertinencia, con producción, con respeto frente a lo que hace, con modelos con los cuales pueda identificarse, que le permitan que se sienta seguro y también que le puedan poner un límite, porque lo necesita. Así vamos a ver que las situaciones de violencia serían menores.
Sin embargo, no todas las escuelas son iguales, puede haber escuelas en las que esto sea factible. No es fácil pensar en una propuesta de cambio que reformule lo disciplinario en la escuela.

 

 

Violencia en las escuelas argentinas

 

La tragedia (inusitada en Argentina) ocurrió en la escuela pública Islas Malvinas de la tranquila ciudad de Carmen de Patagones, unos 700 kilómetros al sur de Buenos Aires, poco después del tradicional saludo a la bandera, cuando los alumnos se ubicaban en sus aulas para comenzar la jornada.
El joven agresor, apodado "Junior", sacó una pistola nueve milímetros y comenzó a disparar. Tres compañeras de clase murieron, y tres de los seis heridos están en cuidados intensivos.
La jueza Alicia Ramallo recordó que el joven, ya detenido, es “inimputable” por ser menor de edad. Junior no tenía antecedentes penales ni de violencia en la escuela, donde además se desempeñaba con "buen rendimiento", de acuerdo con declaraciones de una de las profesoras.
El arma utilizada era del padre del joven, un suboficial retirado de la Prefectura Naval que cayó en una conmoción al enterarse del ataque cometido por su hijo. De acuerdo con sus familiares, el muchacho era tímido y reservado, pero nada en su conducta hacía suponer un comportamiento como el de aquel martes.
“Era un chico normal, no pensamos que iba a hacer algo así”, comentó uno de sus compañeros. Según testimonios, el agresor disparó primero contra las paredes del aula, y cuando sus pares intentaron protegerse bajo los bancos abrió fuego contra ellos.
Recargó el arma y volvió a disparar contra otros estudiantes que intentaban huir por el corredor, hasta que un joven logró quitarle el arma. Entonces escapó, pero fue detenido por la policía poco después, y se comprobó que llevaba además un cuchillo en la cintura.
La violencia escolar es un fenómeno que crece en Argentina al igual que en otros países de la región y del mundo. Ese mismo martes, la justicia de Buenos Aires intervino en el caso de una niña de 9 años que hirió con un cuchillo a su compañero de escuela, de ocho años, cansada de que éste le dijera “gorda”.
La jueza de menores Irma Lima manifestó estupor por lo ocurrido en Carmen de Patagones, y aventuró la opinión de que estos episodios evidencian “la ausencia de familia y de escuela” para jóvenes que, sin pertenecer a un sector social excluido, padecen trastornos emocionales que nadie advierte en su entorno.

La “matanza de Patagones”, que se convirtió en el mayor episodio de violencia en un recinto educacional de un país que aprendió de golpe a vivir en carne propia la violencia escolar, un fenómeno que hasta ese día creía patrimonio exclusivo de Estados Unidos y algunos países de Europa.
Pero esa tragedia no fue el único suceso que marcó ese funesto martes.
Cuando la sociedad trasandina aún se encontraba sumida en el estupor, dos nuevos hechos de violencia se conocieron dos días después de la tragedia, viernes.

En el primero de ellos se vieron involucradas dos niñas de un colegio de la ciudad de Santa Rosa, en la norteña provincia de Catamarca, quienes se enfrentaron en una pelea y una de ellas hirió a la otra con una hoja de afeitar El segundo se produjo en la provincia de Buenos Aires, en la localidad de San Martín, cuando un joven de 14 años hirió con una navaja a otro compañero de 15 años a la salida de la escuela.

En tanto, un alumno de 17 años de una escuela nocturna de la ciudad de Comodoro Rivadavia, en la sureña provincia de Chubut, fue detenido por la policía, en plena clase, con un revólver y droga en su mochila.

El joven había amenazado el jueves con el arma a varios de sus compañeros, quienes alarmados ahora por el ‘síndrome de Carmen de Patagones’, lo delataron a las autoridades de la escuela.

Escenas de dolor se vieron en el funeral de las víctimas de la tragedia de Carmen de Patagones.
Un joven de 15 años dispara a quemarropa contra sus compañeros en el aula. Una niña de nueve años ataca con un cuchillo a otro pequeño. Una estudiante hiere a otra con una hoja de afeitar. Un quinceañero agrede a otro con una navaja.
Estos hechos, ocurridos sólo en esos últimos días, constituyen el cruel y preocupante testimonio de que la violencia parece haberse instalado en el único lugar que quedaba a salvo en Argentina: la escuela.
Esa semana teñida de rojo comenzó a escribirse aquel martes.
Nadie hubiera imaginado que aquel joven retraído, en apariencia normal y sin dificultades de aprendizaje convertiría la escuela en un baño de sangre, con el resultado de tres muchachos muertos, cinco heridos y un país conmocionado.

Reflejo de la inseguridad

 

La multitud acompaña los féretros de los fallecidos por el desquiciado ataque de un compañero.

Sin duda, se trata de cinco impactantes sucesos que, al margen de su preocupante repetición en tan pocos días, han generado una ola de alarma en Argentina, donde hasta hace poco la violencia escolar se manifestaba principalmente en agresiones físicas por golpes y peleas.

De hecho, los episodios con armas en aulas que acaban con muertes son escasos en Argentina. El único caso fatal ocurrió el 2000, cuando el adolescente Javier Romero, harto de que sus pares lo llamaran despectivamente ‘Pantriste’ por su carácter sombrío, llevó un arma a clase y mató a otro estudiante.

A juicio de los expertos, la última oleada de actos de violencia escolar con resultado de muertos y heridos es el triste reflejo de la inseguridad social que impera en el vecino país. “En realidad en Argentina ha habido en los últimos años un fuerte crecimiento de la violencia y la escuela no podía quedar al margen de esto”, explica la psicóloga trasandina Elizabeth González Montaner.

Una desocupación del 14,8%, una pobreza creciente, el avance de las drogas, la falta de redes de contención social y la sensación de impunidad han contribuido al aumento del delito, el desmembramiento de las familias y la proliferación de patologías como la depresión y la ansiedad.

Testigos mudos del padecimiento de sus padres, víctimas indefensas de una marea de información donde los robos, secuestros y violaciones son el tema central, los más pequeños “empiezan a concebir la violencia como único medio de solución de conflictos”, precisa la especialista.

Una visión que es compartida por el psicoanalista argentino Fernando Osorio, coordinador de seminarios sobre violencia escolar auspiciados por UNESCO, para quien “el ámbito donde por excelencia se va a mostrar esta carga violenta es la escuela, que sigue siendo el lugar donde los niños expresan lo que les ocurre”.

A este fenómeno se suman, según otros expertos, un sistema educacional endeble a la hora de controlar la agresividad, docentes mal pagados y el concepto de que el estudio no es algo deseable ni garantiza la obtención de un empleo.

Entonces, la agresión es la única respuesta. “Hoy se está proyectando en las escuelas argentinas lo que ocurre aulas afuera. Si no hay una decisión por parte del Estado de contener este proceso, los hechos de violencia cada vez van a ser peores”, anticipó Osorio.

 

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